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Mi yo dependiente


¿Cuántos de nosotros somos dependientes de algo, de algún lugar, de alguna persona, de alguna sustancia?

Desde mi infancia, siempre me he autodefinido como una persona dependiente. Sin embargo, me di cuenta de que mi dependencia había disminuido en algunos aspectos en los últimos años.

Un suceso llevó a otro, y antes de darme cuenta, estaba sumida en la dependencia. No en todos los aspectos, pero una sola dependencia puede ser extremadamente asfixiante.

No sé en qué momento perdí esa parte de mí que era totalmente dependiente. Tampoco sé en qué momento me volví dependiente.

En primer lugar, considero que he sido adicta a varias cosas de manera temporal, nunca a vicios que no pudiera abandonar o que requirieran que me internaran para poder hacerlo. Hubo un momento en el que consumía mucho alcohol. Nunca dejé de ser funcional, es decir, nunca dejé de trabajar, sin embargo, puedo decir que sí abusaba del consumo de alcohol. Bebía más de lo normal, aunque siempre lo hacía en compañía, por diversión. Detrás del consumo excesivo de alcohol siempre hay algo insalubre, algo que tratar de borrar, y yo realmente no me daba cuenta de eso. Con los años y cometiendo errores bajo la influencia del alcohol, me di cuenta de que no era saludable, que ese exceso me llevó a incidentes como chocar mi coche, tener momentos en los que perdía el control emocionalmente, sufrir resacas que me hacían sentir muy mal y resacas morales que duraban más que las físicas.

Eso duró años, y poco a poco comencé a relacionarme y divertirme de maneras más saludables, donde el alcohol se limita a un gusto de una o dos copas, o simplemente no está. Disfruto el momento sin alcohol.

Las drogas aparecieron en mi juventud, las probé en su momento, pero ahí quedaron, solo por diversión y sin llegar a ser dependiente.

Nunca fui dependiente de las personas, al menos eso creía, hasta que me enamoré. Nunca me di cuenta de que depositaba más en mis parejas de lo que debería. Nunca dependí económicamente, pero sí emocionalmente. Muchas cosas no las hacía sin la aprobación de mi pareja, o solo encontraba inspiración o motivación si ella estaba cerca o era parte del plan.

Esto fue gradual, mi salud emocional se fue desgastando y mis dependencias crecieron cada vez más, compensando una cosa con la otra. Me sentía cómoda y me quitaba menos energía hacer eso que enfrentar todo mi equipaje emocional.

Sentía seguridad teniendo cerca a mi pareja, o eso es lo que pensaba. Y ella sentía lo mismo, la dependencia era mutua. A pesar de las cosas tóxicas que ocurrían, siempre encontrábamos momentos de paz que borraban momentáneamente todas las tristezas, los conflictos y la vida a medias que vivíamos.

Uno no se da cuenta de cómo se va perdiendo como persona, de cómo deja de nutrirse uno mismo y al final, de cómo deja de nutrirse como pareja. Cuando finalmente una de las dos personas toma distancia, normalmente porque su dependencia de pareja se ha trasladado a otra persona, ya sea una pareja, un amigo o un familiar.

En mi caso, así sucedió. Sin duda alguna, mi ex pareja era o es un ser dependiente, no solo como pareja, sino también en muchos vínculos emocionales familiares y de amistad. En mi caso, mis dependencias son en pareja. Cuando ella decidió hacer una pausa en la relación, mi mundo se derrumbó, mi pilar más cercano se alejaba de mí, no era el pilar más fuerte, pero sí el más cercano. No estoy segura de si tenía pilares fuertes.

En ese momento, no sabía qué hacer. Aparte de que nada iba bien en mi vida, mi padre había muerto, ella se había mudado de casa, mi perrita estaba en sus últimos días. Tuve incontables ataques de pánico. "¿Saben lo que es un ataque de pánico? Tuve ataques de pánico." Para comenzar, en mi experiencia, los ataques de pánico son un indicativo de descuido emocional por mi parte durante mucho tiempo, porque para llegar a ese punto, uno tiene que pasar por otras etapas, según mi perspectiva. Antes de llegar a los ataques de pánico, probablemente comenzó con ansiedad que no atendí, y con el tiempo se transformó en un trastorno de ansiedad, donde se acumulaban más y más factores hasta culminar en ataques de pánico.

Cuando sufría ataques de pánico, realmente sentía que el mundo se derrumbaba a mi alrededor, y por más que intentara escapar (literalmente, saliendo a correr), o practicara ejercicios de respiración, me resultaba muy difícil controlarlo. Y cuando lograba calmarlos medianamente, el desgaste de mi cuerpo y energía eran enormes. Sin duda, esto me llevaba a buscar consuelo, a buscar aliviar el estado emocional en el que me encontraba, y obviamente lo buscaba en ella, en mi ex.

Me costó mucho trabajo entender y reconocer que no merecía todo eso. Aunque la actitud de mi ex y la forma en que terminó las cosas no fueron adecuadas, la que debía haberse cuidado era yo misma.

Siempre que somos dependientes, como expliqué antes, es porque tenemos alguna carencia que, en lugar de nutrirla nosotros mismos, queremos que alguien más la nutra. Y cuando "medianamente" o "pobremente" se cubre esa carencia, nos sentimos cómodos y nos apoyamos en esa persona como si fuera la medicina perfecta. Sin embargo, la medicina perfecta sería trabajar en nosotros mismos, nutriéndonos sin necesidad de que otros nos nutran, y mucho menos de manera insana.

Hasta el día de hoy, sigo sanando, sigo aprendiendo sobre mis carencias y, sobre todo, me nutro desde el amor, de mí para mí. Así, cuando llegue esa nueva persona a mi vida, seré una persona completa que disfrutará de estar en pareja, pero no necesitando apoyarse en alguien que, para empezar, ni siquiera podía sostenerme y, aunque pudiese, no sería saludable.

Ahora tengo mi lista de condiciones no negociables, una lista que debo respetar cuando comience una nueva relación para poder estar en pareja desde un lugar saludable y no perderme en el camino. Por ejemplo, parte de mis condiciones no negociables es que no dejaré de hacer ejercicio, de meditar, de leer, tampoco dejaré de ir al kickball, ni de dormir adecuadamente. No perderé mi esencia para mimetizarme con mi pareja, ajustándome a horarios que sean saludables para ambas y que nos acomoden para nuestras actividades adicionales.

Por supuesto que quiero pasar el mayor tiempo posible con ella, sin embargo, ya no a costa de perderme a mí misma, manteniendo mis espacios de soledad y en compañía de otras personas, realizando lo que nos gusta juntas y lo que me gusta por separado, y sin sacrificar las cosas que me permiten mantener un mejor nivel emocional, personal y económico. Ahora te pregunto a ti, ¿de qué eres dependiente? Y como sugerencia, te reitero que aquello de lo que eres dependiente es precisamente lo que necesitas trabajar para poder establecer relaciones saludables. También te cuestiono, si eres una persona económicamente dependiente de otra, ¿realmente vale tu felicidad? A veces, se prefiere recibir una mínima cantidad de dinero en lugar de desarrollar habilidades propias para satisfacerse económicamente. Se opta por la comodidad, por así decirlo, a cambio de desamor, amenazas, chantajes e incluso golpes. Y te pregunto, ¿qué harás el día que esta persona decida marcharse? ¿No sería mejor que tú te fueras, tomando conciencia de que eso no te beneficia y, sobre todo, generando tus propios recursos que te permitan tener libertad de elección, entre otras cosas?

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